Cada vez que empezamos una reforma con un cliente, el azulejo suele ser lo primero que quieren decidir y lo último que deberían cerrar. Es lógico: es lo que más se ve. Pero antes de fijarse en el color hay que pensar en dónde va a estar y cómo se va a usar ese espacio. Un azulejo precioso en el escaparate de la tienda puede ser un problema a futuro si absorbe grasa o se quedan todas las marcas, y de la misma manera, en un baño el antideslizante del suelo no es un capricho, es lo que evita un disgusto el día que alguien sale de la ducha con prisa y las marcas de agua con el tiempo también te llevarán por el camino de la amargura.
¿Por dónde empezar a elegir?
Hay algo que casi nadie tiene en cuenta al principio: el azulejo no se elige solo, se elige en conversación con el mueble. Un mueble de madera, roble o nogal, por ejemplo, pierde toda su fuerza si se coloca sobre un revestimiento del mismo tono; ahí un gres con efecto cemento o piedra en un tono neutro deja que se vean las vetas y el mueble respira. Al revés pasa con los muebles oscuros, verde oliva, azul noche, negro mate, que piden un azulejo más luminoso o con algo de textura detrás para que la estancia no se cierre. Incluso el grosor de la pieza y si el canto está rectificado o no acaba afectando a cosas muy prácticas, como el remate de una encimera o de una mampara, y a que el sellado quede limpio de verdad y no dé problemas de humedad con el tiempo.
¿Qué material recomendamos?
En cuanto al material, no todos se comportan igual frente al agua y al uso diario, y ahí es donde más se suelen llevar sorpresas. El gres porcelánico apenas absorbe agua, así que aguanta bien tanto en suelo como en pared, dentro y fuera, y es la opción más segura si se busca que dure sin dar guerra. La pasta blanca o roja se usa sobre todo en paredes de baño y cocina; absorbe algo más, pero se corta con facilidad y da un acabado muy cuidado. Y luego está la cerámica decorativa o el hidráulico, que no se elige por resistencia sino por carácter: un frente de cocina, una zona de la ducha, un paño que se quiere destacar. Ahí no se busca practicidad, se busca que llame la atención.
El tamaño de la pieza cambia más de lo que la gente cree. Un formato grande, de sesenta por ciento veinte o más, reduce las juntas visibles y hace que el espacio respire; funciona muy bien en baños pequeños que necesitan sensación de amplitud o en cocinas abiertas. Los formatos medios, treinta por sesenta o cuarenta y cinco por cuarenta y cinco, son los que menos complicaciones dan: se instalan bien, generan poco desperdicio y el precio suele ser más razonable.
Y luego están las piezas pequeñas, el clásico metro, los mosaicos, que aportan ese aire más artesanal y funcionan mejor como un golpe de atención en un punto muy concreto que cubriendo toda una pared.
La eterna duda siempre queda entre los acabados ¿Brillo o mate?
El acabado también merece el protagonismo en este proceso de elección, porque no es solo estético. El brillo multiplica la luz y ayuda mucho en baños sin ventana, aunque hay que estar dispuesto a limpiar las marcas de agua con más frecuencia. El mate, que ahora mismo es lo que más se pide, disimula mejor las salpicaduras del día a día y combina especialmente bien con griferías en negro o metal cepillado. Y en el suelo de una ducha de obra, más allá del gusto, el tratamiento antideslizante no es negociable: hay clases distintas según el nivel de seguridad que ofrecen, y ese dato pesa más que cualquier diseño.
Recuerda hacer tu pedido con antelación para no frenar la obra.
Ya con el azulejo decidido, conviene pensar también en la compra en sí, porque ahí es donde suelen aparecer los sustos a mitad de obra. Siempre recomiendo calcular entre un diez y un quince por ciento extra sobre el metraje real, para cubrir cortes de esquinas y tener margen del mismo lote de fabricación, porque el tono y el calibre pueden variar de una partida a otra y eso se nota. El rejunteo es otra decisión que se deja para el final y en realidad condiciona mucho el resultado: en el mismo tono que el azulejo, todo se funde y parece una sola pieza continua; en contraste, marca la geometría de la colocación y le da otro carácter a la pared.
Dicho todo esto, yo prefiero no dejarme llevar del todo por las tendencias, si que se pueden tener en cuenta, ya que en muchas ocasiones… coinciden con los gustos de la mayor parte de los clientes.
Pero la realidad es que las modas cambian mucho más rápido. Ahora mismo triunfan los tonos tierra, los beige cálidos y los acabados que imitan piedra o mármol sin el mantenimiento que da dolores de cabeza; si hay ganas de arriesgar más, mejor hacerlo en algo fácil de cambiar después, como el grifo o unos textiles, y dejar el azulejo para algo con más recorrido.
Si en algún momento la decisión se complica, desde Qtdkoro, como expertos en reformas integrales, os asesoramos durante todo el proceso, desde la selección de material, pasando por la instalación del mobiliario, para que todo encaje desde el primer día y el resultado no dependa de la suerte.
